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How do you think it feels

And when do you think it stops?

When do you think it stops?

Prepárense para ver una historia de amor. Y para sentir lo que se siente, y para preguntarse cuándo acabará esto qué sienten, cuándo acabará.

Berlín es una historia de amor, y Caroline y Jim son los protagonistas de esta historia. Y no, ellos no saben cuándo acabará eso que dicen, que digo que es una historia de amor, no lo saben.

La propuesta que presenta Desde Berlín.Tributo a Lou Reed es arriesgada, arriesgadísima. Muy concreta, también; milimetrada, diría yo. Las letras de Lou Reed, con la voz del artista, con la voz y el piano de Nathalie Poza, con la voz de Pablo Derqui que recita esas mismas letras en castellano, siendo así él mismo Lou Reed y dando forma a Caroline, que es la misma Nathalie Poza que le escucha. Y también las letras de Lou Reed, las letras de ‘Caroline Says’ en la voz de Nathalie Poza que pronuncia esas mismas palabras y así es ella misma Caroline y da forma también a Jim, que es el propio Pablo Derqui que le escucha.

El disco entero desfila ante el espectador que, conocedor o no de la obra de Lou Reed, ve la historia de amor y se ve a sí mismo reflejado en ella, aunque sea esta historia de amor una historia de extremos. A lo largo de una hora y cuarto de función vemos esta historia de amor, vemos a Caroline y a Jim, que no saben cuándo terminará esto que tienen ni a dónde les llevará, vemos a Lou Reed. Vemos Berlín.

Música. Vídeo. Piano y guitarra. Una pantalla con proyecciones de la historia y de las letras de Lou Reed. Y dos actores. Ante todo, eso: dos actores. Y qué dos actores, tremendos, impecables. Me llama la atención, sobre todo, cómo van y vuelven desde sus papeles de Caroline y Jim, de tan intensa carga dramática, al piano y la guitarra, a la música, que para el espectador es un descanso de la intensidad de la acción y una manera de volver a la historia, pero que para los actores es un ir y venir, un tener que volver a ser Jim y Caroline (no necesariamente serlo allí donde lo dejaron, pues la historia no sigue un orden cronológico como tal, pero sí volver a serlo con toda la carga dramática acumulada).

Me maravilla, también, la coordinación entre ambos en lo físico, en el amor y en el desamor, en esos movimientos que tan perfectamente se acoplan a los ritmos de Lou Reed pero que no dejan un momento a la improvisación y sin embargo parecen tan reales, tan de verdad. Desde el primer encuentro hasta la desaparición de Caroline, perfecta en la forma y en el significado, y que deja al espectador sin palabras. Cómo grita Jim, cómo le responde que él es un yonki y que claro, que sólo puede pensar en yo, mí, me, conmigo. La acción se eleva a tal nivel de intensidad sobre el escenario que es necesaria la música, Nathalie al piano, pienso ahora, no sólo para el espectador sino también para los actores, quizá.

Es Lou Reed quien dibuja a los personajes, y lo es de tal manera que sus frases, los versos de sus canciones, se dicen de tal modo que las propias frases tienen su valor y no es necesario que Jim ni Caroline interpreten excesivamente determinadas partes de la obra, porque ya están ahí.

Y las pantallas de fondo, Nathalie Poza desfilando por ellas como Caroline y Jim que trata de rozarla, Jim de verdad esta vez, Pablo Derqui que desliza sus dedos por la pantalla tratando de atrapar a Caroline, que no está, que pasa y se va por la pantalla. Son muchos los factores que confluyen en esta obra, es la música, es la poesía, es Nathalie Poza y es Pablo Derqui, es la dirección de Andrés Lima. Son tantas cosas, y todas tan increíbles, que cuesta trabajo creer que hayan podido unirse en una sola, y que esa cosa sola, esa unión haya sido una obra de teatro que nadie debe perderse. Porque, dicho está, no se la pierdan. Yo no lo haría.

Isabel Gimeno Landa